Metodología de verificación
La sección de verificación es lo más discutible que publicamos, y por eso es aquello cuyo método documentamos con mayor rigor. Este es, paso a paso, el recorrido de cada pieza de verificación.
Última actualización 19 de agosto de 2026
Qué verificamos
Tomamos una afirmación cuando es verificable, circula lo bastante para influir y tiene consecuencias: cuando la gente actúa en función de ella —dinero gastado, medicamento tomado, trámite presentado, voto emitido—.
No verificamos opiniones, predicciones ni cuestiones de fe o de gusto. «El gobierno es un desastre» es una opinión que ninguna prueba resuelve; «el gobierno subió la tasa a tal cifra» es una afirmación que las pruebas sí resuelven.
Cómo verificamos
- Acudimos a la fuente primaria: la norma en el boletín oficial, el comunicado en la web del organismo o los datos tal como los publica quien los produce.
- Cotejamos las cifras con la publicación oficial más reciente e indicamos su fecha: un dato correcto el año pasado puede ser falso hoy.
- Rastreamos el origen de una imagen o un vídeo —cuándo y dónde se tomó— antes de juzgar lo que se dice que muestra.
- Pedimos respuesta al organismo al que se atribuye una afirmación, y hacemos constar cuando no la recibimos.
- Archivamos una copia de cada fuente utilizada, por si después desaparece.
Los veredictos
- Verdadero — la afirmación coincide con la realidad en lo esencial y en sus detalles fundamentales.
- Parcialmente verdadero — su núcleo es correcto, pero incluye una exageración u omisión que altera el cuadro.
- Engañoso — los hechos aislados se sostienen, pero su ordenación o el contexto ausente conducen a una conclusión falsa.
- Falso — la afirmación carece de fundamento o contradice una prueba documentada.
- Sátira sacada de contexto — nació como contenido abiertamente satírico, se desgajó de su fuente y se difundió como noticia.
Qué publicamos junto al veredicto
Cada pieza expone la afirmación tal como circula, el veredicto, las pruebas que llevaron a él y sus fuentes. No pedimos al lector que nos crea: le damos lo suficiente para llegar por sí mismo al veredicto.
Si un veredicto resulta erróneo
Un veredicto que se demuestra equivocado se revisa en público: corregimos la pieza, indicamos arriba qué cambió y por qué, y no la borramos. Rectificar un veredicto es aquí un hecho anunciado, no una edición silenciosa.
Quien crea que nos equivocamos puede escribirnos a través de la página La Voz del Ciudadano con las pruebas de que disponga.